En una cirugía de uretrolitiasis obstructiva, el objetivo es claro: retirar o fragmentar el cálculo que bloquea el uréter. Sin embargo, la confusión ocurrió cuando la especialista intervino el uréter contrario, completamente sano, sin percatarse de su error. Al despertar, la paciente descubrió que no solo continuaba con el cálculo original, sino que también tendría que someterse a una segunda operación para corregir la obstrucción real.
Esta situación evidencia que la falta de verificación preoperatoria —revisar estudios diagnósticos, identificar la zona adecuada y corroborar la lateralidad— puede dañar la confianza del paciente y la integridad de su cuerpo. El estrés adicional, los gastos y la prolongación del tiempo de recuperación se convirtieron en la carga emocional de la afectada, quien exigió que se reconociera el error y se le reparara el daño sufrido.
¿En qué consiste la negligencia aquí?
La negligencia surge cuando no se siguen protocolos básicos de identificación. En cirugía, es imprescindible
asegurarse del lado a intervenir y cumplir con los listados de seguridad. Cualquier desliz conlleva responsabilidad
legal y la obligación de responder por las complicaciones. Aunque se logró una resolución legal, la paciente
vivió una experiencia doblemente traumática y costosa.
¿Cómo se define la indemnización en estos casos?
No se habla de cantidades exactas, sino de la compensación por la afectación sufrida: los gastos médicos adicionales,
el impacto emocional, la posible pérdida de ingresos y el dolor ocasionado. Cada acuerdo depende de las circunstancias
específicas y del peritaje médico-legal.